Hay territorios que no aparecen en los mapas, pero se graban en el cuerpo. Ra(y)ana nace en uno de esos espacios: una línea fronteriza que es al mismo tiempo real y simbólica, límite geográfico y tejido de memoria. En estas imágenes, los objetos, las texturas y los gestos cotidianos revelan una forma de habitar el mundo en donde el tiempo parece espeso, lleno de capas. Estas imágenes hablan de quienes cargan, preparan, cruzan, recuerdan.

La serie recorre una frontera que no separa, sino que enlaza y ensalza; donde la imagen es huella y mirar es una forma de pertenecer. Ra(y)ana partió de la necesidad de búsqueda identitaria personal y artística. Es un proceso de reconciliación con el hogar y de exaltación de la memoria de la tradición heredada. Aspectos como el entorno, la ruralidad, los saberes populares, las costumbres, los objetos, el folclore o la fe determinan el sentido de este trabajo. Para mí es fundamental rescatar esta esencia, ya que es lo que ha definido quién soy y de dónde vengo.

Mi objetivo es transmitir, a través de nuevos códigos —como la fotografía y el arte— ese legado que he bebido como rayana, para que perdure y se mantenga vivo. Es también una forma de honrar a nuestros antepasados y de reconectar a las generaciones actuales con la identidad y la esencia de nuestra tierra.
HOGAR
VIDA
CAMPO
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